No soporto el ruido.
A veces mi cabeza se pone a dos mil por hora y no soy capaz de parar.
Empatizo demasiado con los demás. Entiendo tanto lo que les pasa que no puedo evitar que me afecte mucho.
A veces simplemente no puedo explicar por qué entiendo lo que les pasa.
Me cuesta transmitir lo que veo y hacerme entender, aceptar que los demás no perciben como yo lo hago.
Soy muy perfeccionista y autocrítica*, a menudo siento que no soy suficiente, y dudo de mí.
Me siento siempre demasiado, demasiado exagerada, demasiado intensa, demasiado llorona, demasiado…
Me cuesta decir que no y poner límites.
No soporto la injusticia y ver que alguien lo está pasando mal.
A veces mis emociones son tan intensas que me desbordan y no puedo contenerlas.
A veces pienso que estoy loca, que algo está mal en mí, que tengo un trastorno, que se me va a ir la cabeza.
Soy una persona muy sensible y creativa, pero no logro encontrar momentos para explorar esta parte de mi vida.
Me gustaría dedicarme a un trabajo más acorde con mi forma de ser y mi propósito de vida, pero siento que es tarde para mí.
*(Si eres un hombre, quizás también te sientas identificado con esta realidad. He escogido esta vez escribir en femenino porque suelo trabajar mayormente con mujeres, pero también muchos hombres pueden sentir lo mismo. Si te pasa, también eres bienvenido).
Si te sientes identificada es muy posible que tú también seas una persona altamente sensible. La alta sensibilidad es un rasgo de personalidad descrito por primera vez por Elaine Aron, psicóloga y escritora, que con sus investigaciones pudo explicar por qué una parte de la población procesa la información de manera diferente, más intensa y profunda.
Según sus primeras investigaciones aproximadamente el 15% de la población sería PAS (Persona Altamente Sensible), mientras que investigaciones recientes refieren que el porcentaje sería más bien cercano al 20 al 30% de la población. Así que posiblemente tú también seas PAS, y tu hermana, y ese amigo en el que estás pensando que es tan especial, y tantas personas a tu alrededor, que no lo saben todavía.
En realidad la alta sensibilidad no es algo que uno tenga o no tenga, como una etiqueta o un diagnóstico , sino que más bien se trata de una cualidad, un rasgo de personalidad, una manera de procesar y percibir la información a nivel sensorial diferente, que algunas personas tenemos en mayor o menor medida. De hecho, algunos estudios hacen referencia a cómo el funcionamiento del cerebro y el procesamiento sensorial tiene algunas particularidades. Algunas personas viven muy intensamente. Para muchas puede que no sea ningún problema, mientras que para otras puede ser fuente de gran sufrimiento.
Es probable que pienses que tener alta sensibilidad es un problema, una dificultad o una faena que te ha tocado vivir, y no me extraña, el mundo en el que vivimos no favorece nada a las personas que somos diferentes, y el ritmo de vida tan acelerado y sobrecargado de estímulos que llevamos puede llegar a ser muy difícil de manejar, y es posible que a veces te parezca que no puedes más.
Pero, en realidad, la alta sensibilidad no es ningún problema, cuando es bien comprendida. De hecho, una de las aportaciones más interesantes de los estudios Aron, desde mi punto de vista, es que sugiere que este rasgo se presenta también en el reino animal, de manera que parece natural que existan personas con mayor capacidad para percibir el entorno, con todas las ventajas que eso puede tener para la supervivencia de la especie.
Ser altamente sensible puede ser un maravilloso don para ti y para las personas que te rodean, pues te permite comprender en mayor profundidad lo que sucede, anticipar situaciones de riesgo, y percibir detalles que para el resto del mundo pueden pasar desapercibidos. Y esto puede ser un maravilloso regalo que te permita disfrutar de tu vida más intensamente, cuando aprendes a canalizar esa sensibilidad.
Coge un papel y algo de material para dibujar. Pueden ser lápices, rotuladores o ceras, algo que tengas a mano y te resulte fácil de usar. Cierra los ojos por un momento, escucha tu respiración y observa cómo te sientes dentro de tu cuerpo en este momento.
Observa qué sensaciones te produce tomar contacto con tu alta sensibilidad. Deja que te vengan imágenes y sensaciones, sin juzgarlas. ¿Cómo es vivir la vida en un cuerpo que percibe intensamente? ¿cuál es la mayor dificultad que estás experimentando en este momento de tu vida?
Escoge un color y ponte a garabatear. Deja que tu mano viaje por el papel. ¿Cómo sería expresar eso que estás sintiendo a través de colores y trazos?
Trata de no juzgar lo que estás dibujando. Recuerda que no se trata de elaborar una gran obra de arte, y lo importante es que el dibujo te ayude a conectar con tu interior. Déjate llevar por los colores y por tu intuición. ¿Cómo te sientes mientras dibujas? ¿Cómo es poder mirar lo que tienes en tu interior? ¿Qué te dices a ti mismo/a?
Cuando termines, ponle un título a tu dibujo y escribe sobre tu experiencia. ¿Qué reflexiones te sugiere tu dibujo? ¿Qué necesitas en este momento?