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Cuando llegas a una sesión de arteterapia por primera vez, es normal tener preguntas.
¿Tendré que saber dibujar?
¿Y si no se me da bien?
¿se interpretarán mis obras?
Lo más importante es comprender que el arte, aquí, es un medio para expresar emociones, sin ninguna exigencia ni juicio, sin expectativas estéticas.
La sesión suele comenzar con un momento para charlar y explorar cómo cómo llegas, cómo te sientes, y qué está presente en tu mundo interno.
Después, puede haber alguna propuesta para conectar con las sensaciones corporales y sintonizar con el aquí y ahora, preparando el terreno para crear.
De esta forma, normalmente, la creación surge de forma espontánea, a través de trazos de colores, pintura, collage, modelado con arcilla, escritura, expresión corporal, fotografía.
Cada persona elige los materiales que mejor acompañan su proceso. No hay una forma correcta, solo presencia, curiosidad y libertad.
Después, dedicamos un tiempo para mirar juntas las obras y conversar sobre la experiencia. En ese diálogo a menudo surgen preguntas y reflexiones que ayudan a comprender lo que se ha movido y darle sentido.
Según las necesidades, también podemos integrar otras herramientas como el mindfulness, las técnicas de relajación, el movimiento expresivo, o la comunicación no violenta, que amplían y profundizan la experiencia.
La sesión termina con un cierre para integrar lo vivido. Las imágenes se guardan en un archivo, que funciona como un testigo visual del proceso. Más adelante volveremos a él para observar la evolución, y tomar conciencia de los cambios, lo cual, a menudo es sorprendente y muy revelador.
Si quieres probar una sesión, individual o grupal, no dudes en contactar para resolver tus dudas.