La maternidad es probablemente la aventura más intensa que he emprendido en mi vida. Cuando me quedé embarazada no podía ni imaginar lo que estaba por venir. Y esto es algo que, por lo que veo a mi alrededor, nos suele pasar.
Y es que las criaturas tienen la “mala costumbre” de no ser como esperábamos. La niña que imaginábamos tranquila no calla ni duerme ni de día ni de noche. El niño que creíamos valiente, tiene miedo y no se separa de los brazos de mamá. El padre se siente agotado y no sabe poner límites sin perder los nervios. Y la madre en que nos hemos convertido ya no nos recuerda nada a la mujer que éramos antes de dar a luz.
Cuando las personas llegan a mi consulta de arteterapia y terapia gestalt, rara vez son conscientes de que han experimentado un trauma.
Carolina (nombres ficticios), me contactó por sus sentimientos de tristeza, y no fue hasta después de varias sesiones que no se dio cuenta de la relación de estos sentimientos con la falta de atención que había recibido en su infancia, y su necesidad de cuidar de sí misma.
Julia se interesó por la arteterapia para explorar su creatividad, y a través de sus pinturas descubrió y pudo sanar el tremendo dolor que aún sentía por la temprana y desgarradora pérdida de su madre.
Una dificultad que me encuentro a menudo en la consulta de arteterapia gestalt es la dificultad con el manejo de los límites y la capacidad para decir que no. Una verdadera pandemia.
Por ejemplo:
No tengo ganas de ir a un sitio, o no tengo ganas de quedarme más, pero me aguanto.
Me encuentro en una relación que no me satisface, pero no consigo dejarlo.
Me ha costado mucho escribir este artículo. Elegir el título, pensar bien lo que te quiero transmitir. Como si yo tuviera las claves para navegar en la intensidad del amor. La que a mí misma también me atraviesa, y desde la que te escribo.
Enamoradizas y extremadamente intensas. Así somos las personas altamente sensibles. Capaces de conectar hasta con los astros y de empaparnos en nuestros sentimientos hasta los huesos. El amor nos llena de emoción y de sentido, y también, inevitablemente, de dolor.
Inevitablemente, ¿o no?
A menudo siento que no soy suficiente.
No importa si he estudiado o trabajado duramente en torno a un tema, siempre tiendo a sentirme inseguro/a pensando en todo lo que aún no sé.
Tiendo a pensar que mis logros han sido por suerte, por casualidad, o por estar en el lugar correcto en el momento adecuado.
Me cuesta aceptar los cumplidos y tiendo a excusarme y restarle importancia.
El perfeccionismo es un rasgo común entre las personas altamente sensibles y/o con altas capacidades.
Esa “alta” habilidad para detectar la excelencia.
Esa alta dificultad para no conformarnos con menos.
Lo confieso, me ha costado mucho escribir este artículo. Podría escribir cientos de artículos sobre cientos de cosas, y muchas de ellas correcta y concienzudamente. Disfruto escribir y más aún saber que me lees. Pero cada vez que me tengo que sentar con el teclado encuentro mil excusas para no hacerlo,
Es posible que hayas leído o pienses que ser una Persona Altamente Sensible (PAS) te predispone a sufrir ansiedad, depresión (y a creer en unicornios). Bien, pues en primer lugar, dejemos claro que no, los estudios muestran que no existe tal relación a priori. La sensibilidad en sí misma es un rasgo neutro que no tiene por qué provocar ansiedad. Si bien, como veremos, es posible que las circunstancias de tu vida, y especialmente de tu infancia, sí tengan algo que ver.