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Maternidad y arteterapia. El nacimiento de la madre. 



     

La maternidad nunca es como nos la habíamos imaginado. Así de fastidiosa e imprevisible es la naturaleza. Como sucede en todo proceso creativo, la obra de arte nunca se parece al boceto con el que comenzamos. Y así, nuestros hijos, tienen la mala costumbre de venir sin manual de instrucciones, y de ser como les da la gana ser. 


Este hecho, de tan obvio que resulta, no suele ser tenido en cuenta. Habitualmente, la atención a la maternidad, a la paternidad y a la vida prenatal en general, se ha centrado en los aspectos médicos, fisiológicos, y últimamente también en los emocionales, pero ¿alguna vez te hablaron en las clases de preparación al parto sobre las frustraciones inherentes a la maternidad, como a todo proceso de creación?


Porque, aunque no nos lo hayan contado, la maternidad es un proceso creativo. De hecho, crear y criar comparten raíces etimológicas comunes, y para llevar adelante la crianza con éxito son necesarias abundantes dosis de creatividad. Y aunque la RAE defina a la madre como una “hembra que ha parido”, en realidad este proceso creativo empieza mucho antes de que pasemos por la sala de partos. Bien lo saben las mujeres que han sufrido un aborto. 


Según Daniel Stern, Nadia Bruschweiler-Stern, y Alison Freeland (1999), el nacimiento de la identidad maternal es un proceso complejo, que empieza en algún momento cuando  la madre comienza a imaginar a esa criatura que desea en su vientre, y que evoluciona durante todo el embarazo y tras el parto, de manera paralela al desarrollo del bebé. 


Este proceso psicológico que sucede de forma natural, tiene una naturaleza creativa, en tanto que la mujer teje, como si de un patchwork se tratara,  su propia identidad maternal, tomando como materiales para su creación las referencias que tiene en su entorno. Y así, dependiendo de cómo fuera el estilo de su madre, o de otras mujeres alrededor, construirá su propia identidad maternal, y proyectará también sus expectativas sobre su criatura. Mirando a otras mujeres tomamos decisiones sobre nuestros partos, sobre la lactancia, el sueño, y todos los demás aspectos de la crianza. 


Y así es como, sin querer, desde lo más íntimo de nuestros espacios domésticos, las mujeres construimos cultura. Porque cada cultura y cada momento histórico ha otorgado una visión y expectativas diferentes a lo que significa ser madre y acerca de cómo debe ser el proceso de la crianza. Las mujeres del siglo pasado tenían unas preocupaciones y necesidades diferentes a las nuestras, y sin embargo, seguían teniendo que parir, alimentar y cuidar de sus retoños, y sus decisiones modelaron los vínculos, temperamentos y fortalezas de toda una generación. Las madres de una tribu del amazonas, de indonesia o del polo norte también, cada una a su manera, con sus retos. 


En nuestra cultura occidental, gracias a las aportaciones del feminismo desde hace ya muchas décadas, nos encontramos en un momento de cuestionamiento de la maternidad tradicional. El modelo clásico de familia está siendo trascendido y en su lugar están apareciendo nuevas posibilidades. Las mujeres quizá por primera vez en la historia de occidente tenemos la posibilidad de decidir sobre el cuándo y cómo de nuestra maternidad y podemos crear las condiciones que mejor se ajustan a nosotras. Y esto está dando pie a la maravillosa diversidad de modelos de familia que actualmente existen, familias no heteronormativas, familias reconstituidas que se construyen más allá de los vínculos biológicos, reproducción asistida, y todo lo que aún no podemos imaginar. 


En este contexto, muchas de nosotras a menudo nos encontramos perdidas en el caos de las noches sin dormir y las exigencias de la maternidad intensiva, cuando descubrimos que las expectativas que nos vendió Disney del “seremos felices y comeremos perdices” casi nunca se cumplen. Y llegamos agotadas al final del día sin conseguir conciliar nuestras carreras profesionales y nuestros sueños como mujeres con las necesidades de atención y presencia de unas criaturas recién llegadas, que no saben nada de las prisas y la soledad del mundo en que les ha tocado nacer. Porque como bien dice Carolina del Olmo, es bien difícil criar como nos gustaría, sin tribu y sin apoyos, en esta sociedad individualista. 


No es de extrañar, en este contexto, que muchas se lo piensen más de dos veces, y el miedo a que se “nos pase el arroz” sea el nuevo lobo feroz, y la pérdida en la búsqueda de ese bebé que no llega sea el duelo de una generación entera. 


Como dice Alicia Oiberman, la concepción de la maternidad del siglo XXI se encuentra todavía en camino de desarrollarse, en un proceso que es tanto individual como colectivo, y que sin duda, tiene un carácter creativo. Quizá por primera vez en la historia, las mujeres de hoy en día estamos construyendo conscientemente nuestras maternidades, con nuestros vientres, nuestros pechos y nuestros brazos, con nuestros deseos, nuestros duelos y nuestras frustraciones. Porque así es todo proceso creativo, una promesa que tiene la mala costumbre de venir sin manual de instrucciones, y aunque lo tuviera, no nos serviría. 


La arteterapia puede ser una gran aliada en este proceso. Más allá de los beneficios inmediatos de relajación y bienestar, la arteterapia ofrece un espacio para elaborar todas las emociones y situaciones que acontecen y atraviesan este momento vital. Desde el nacimiento de la maternidad, hasta el dolor y la frustración que acompaña el aprender a soltar a nuestras criaturas, la arteterapia ofrece un camino para mirarnos y darle un espacio a nuestro sentir y a nuestro caminar. 


Algunos de los momentos en que la arteterapia puede ser útil en la maternidad son: 


  • Como acompañamiento emocional en la búsqueda de un embarazo y procesos de fertilidad. 

  • Para ayudar a transitar los miedos y expectativas habituales durante la gestación y en la preparación al parto y a la maternidad. 

  • En el periodo postparto y la crianza, para elaborar las dificultades con respecto al desarrollo del vínculo, la identidad maternal, la elaboración de los cambios en la configuración familiar, con la relación de pareja, con otros hijos y la familia extensa, etc.

  • Para revisar y sanar las experiencias dolorosas de la propia infancia que a menudo se despiertan con la crianza de nuestros hijos/as.

  • Para profundizar en los vínculos con las criaturas y desarrollar estrategias de crianza positivas y basadas en la elección personal y no en la repetición de patrones.

  • Como acompañamiento a la elaboración de experiencias traumáticas relacionadas con la maternidad: parto traumático, violencia obstétrica, pérdida gestacional, etc.

  • Como acompañamiento a los procesos de cambio, la escolarización, la adolescencia, separación o divorcio, etc.

  • Como orientación y apoyo cuando existen necesidades educativas especiales. 

  • Como acompañamiento para la elaboración del duelo por pérdidas gestacionales y la no maternidad.

  • Como vía de empoderamiento, a través del cuestionamiento de los mitos y creencias sobre roles de género y las expectativas que la maternidad tradicionalmente impone sobre las mujeres.


Si sientes que la maternidad no es como te esperabas, y quieres empezar a tejer tu propia experiencia, te acompaño. 



Para saber más: 

Enlace a mi tesis doctoral “Arteterpia para la maternidad y la familia. Una vía de apoyo a la parentalidad positiva Universidad Autónoma de Madrid. 2018.


Enlace a mi artículo en la revista de investigación Enseñanza & Teaching, Educación prenatal a través de la arteterapia. Una posible vía de apoyo a la parentalidad positiva. 2016.



Libro de Daniel Stern, Nadia Bruschweiler-Stern, y Alison Freeland (1999), "El nacimiento de una madre”.



Artículo de Alicia Oiberman, 2005, Historia de las madres en occidente: repensar la maternidad. Psicodebate, Vol. 5.


   



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