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Normas y creatividad en familia: entre la estructura y la libertad



Las dudas sobre la temática de las normas y los límites suelen ser habituales en las sesiones de arteterapia en familia, y también en las sesiones con personas adultas. ¿Cómo poner los límites adecuadamente? ¿Hasta cuándo ceder? ¿Cómo hacer para no perder los nervios? ¿Cómo no sentirse culpable después?


La mayoría hemos sido herederas de una educación autoritaria, basada en el “porque lo digo yo, y punto”, que en nuestra infancia no nos ofreció muchas oportunidades para reflexionar sobre nuestros propios límites y autonomía. Por suerte, los modelos educativos han evolucionado, y hoy en día sabemos que los estilos autoritarios de crianza no solo no funcionan, sino que son contraproducentes.


En el extremo contrario, la laxitud de los estilos permisivos se sabe que tampoco es idónea y puede conducir a situaciones problemáticas. Ambos extremos, tanto la severidad como la laxitud en las normas y límites son factores de riesgo, ya que producen inseguridad, dependencia y aumentan los conflictos en la familia. En definitiva, no nos aportan la confianza que necesitamos para crecer saludablemente. 


Por eso, desde el modelo de la parentalidad positiva, y partiendo de numerosas investigaciones sobre desarrollo infantil y familiar, se propone un estilo educativo responsable y no violento, en el que el diálogo sobre las normas, las rutinas y los límites es parte esencial y es factor de protección. 


Según este enfoque, las normas ofrecen una estructura para el día a día, indicando unas pautas de conducta claras y coherentes que: 

  • Aportan seguridad y tranquilidad. 

  • Ordenan y organizan la convivencia. 

  • Permiten anticipar eventos. 

  • Favorecen la autonomía y toma de decisiones. 

  • Favorecen el crecimiento, la exploración, la creatividad y la libertad. 


Me gusta pensar en esta estructura como las paredes de una casa, que ofrecen resguardo y cobijo. Contar con cuatro paredes y un techo es una gran ventaja, pero, ¿qué pasaría si esas cuatro paredes se convirtieran en un espacio cerrado del que no podemos salir? ¿Y si la casa fuera inestable? Es por eso que las normas y estructuras de convivencia deben ser planteadas como un espacio lo suficientemente estable y seguro a la par que flexible, dentro del cual podamos movernos, decidir libremente y expresar nuestra creatividad. 


Las normas deben tener también coherencia, por que, ¿cómo nos sentiríamos ante un muro construido sin sentido? Tenemos abundantes ejemplos a lo largo de la historia y en nuestro momento presente de cómo los muros y fronteras trazados al azar nos perturban y roban la libertad. ¿Cómo nos sentiríamos si de pronto se impusiera la absurda norma de que está prohibido vestir de color amarillo? Seguramente nos sentiríamos molestos ante esta privación de la libertad, y muy probablemente nos sentiríamos movidos a transgredir la norma, como acto de rebeldía. Pues bien, ¿cuántas veces sin querer imponemos normas en el día a día que tienen tan poco sentido para nuestros peques, ni incluso para las personas adultas? 


Una buena idea para definir y escoger bien las normas es reflexionar sobre el valor que buscan proteger. Por ejemplo, cuando decimos que “aquí no se pega”, el valor detrás de esta norma es la protección y el cuidado de las personas. Dicho en lenguaje positivo la norma indica que “aquí nos cuidamos, porque valoramos y respetamos a las personas”. Detrás de cada buena norma hay una buena motivación y un valor que frecuentemente es compartido, lo que hace que sea más fácil de asumir y comprender. 


Algunas ideas para reflexionar sobre las normas en casa: 

  • Motivación: Las buenas normas están basadas en motivaciones, principios y valores claros y coherentes que podemos comprender y compartir. Por ejemplo, nos importa ser puntuales porque respetamos el tiempo de las otras personas. 

  • Coherencia: No son arbitrarias, es decir, no están basadas en la autoridad exclusivamente ni en la tradición, “porque en mi casa se ha hecho así de toda la vida”. 

  • Comunicación adecuada: Se expresan en un lenguaje positivo y comprensible, buscando momentos adecuados para el diálogo (no en momentos de crisis), y poniendo el foco en lo que sí se puede hacer, y usando soportes visuales o por escrito si hacen falta, que facilitan su comprensión, 

  • Adaptación: Son realistas y acordes a la edad, necesidades y momento evolutivo. Por razones obvias no se le podrá pedir el mismo comportamiento a un bebé de 15 meses que a un adolescente de 15 años, ni se le explicará de la misma manera. 

  • Flexibilidad: Son flexibles, se pueden pactar y modificar según van cambiando la situación y necesidades, y revisar con el tiempo. 

  • Basadas en consecuencias: Se fundamentan en las consecuencias naturales que producen, no en el castigo o el chantaje. Estas consecuencias se pueden anticipar y prever, facilitando de esta manera la comprensión de la norma. 


Esto último suele producir bastante confusión, por lo que merece una explicación aparte. Imaginemos una situación cotidiana, por ejemplo, una peque que no quiere ponerse los zapatos para salir a la calle. En primer lugar, primero tendremos que preguntarnos sobre la motivación y coherencia de la norma no escrita que dice que para salir a la calle necesitamos ponernos zapatos. Dependiendo del contexto es posible que la norma no tenga sentido, por ejemplo, si estamos en la playa, o en un camping de hierba.


Pero ok, imaginemos que es invierno, y llueve, y realmente hay que ponerse zapatos. Una consecuencia natural de esta situación es que si la peque insiste en no ponerse los zapatos, seguramente pasará frío y quizá se haga daño en los pies. Si acompañamos el proceso de aprendizaje de esta peque y le permitimos experimentar las consecuencias naturales de su decisión, seguramente aprenderá por sí misma que es buena idea ponerse los zapatos, aunque quizá no siempre le apetezca.


Y esto es clave, porque el aprendizaje e integración de las normas es un proceso que requiere de complejos procesos cognitivos y emocionales que llevan tiempo, y a menudo se movilizan emociones intensas de frustración, confusión, inquietud, etc. Validar la emoción y permitirle escoger entre unos cómodos zapatos azules y otros rojos, seguramente le motive a hacerlo sin más discusión, y con el tiempo puede que le anime a ser creativa en la elección de su calzado a juego con su vestimenta. 


En cambio, castigarle sin televisión o recriminarle lo harta que nos tiene, no son consecuencias naturales, y seguramente van a producir más confusión, porque no tendrá la oportunidad de asociar qué tiene que ver la televisión ni comprenderá el motivo de porqué su mamá está tan nerviosa.


Probablemente consigamos que se ponga los zapatos, pero no habrá interiorizado el motivo de hacerlo, y seguramente se quede con la impresión de que tiene que hacer cosas, a veces un poco incomprensibles, con tal de evitar que mamá se ponga de mal humor. Porque nadie queremos que nuestra mamá/pareja/amigo/a se enfade con nosotros. Pero esta es una motivación preocupantemente triste para hacer las cosas, con graves consecuencias para la autoestima a largo plazo. 


Y te escucho pensar, “sí, todo esto es muy bonito, pero en el día a día es imposible, y se me acaba la paciencia más de lo que me gustaría”. 


El problema es que, a veces mamá está verdaderamente harta porque no ha pegado ojo en toda la noche, porque lleva días sin tener un minuto para sí misma, y porque se siente sola en la crianza y le faltan apoyos. Y en la vida, el devenir de las consecuencias puede no ser tan evidente e inmediato. ¿Cuáles son las consecuencias de no escucharse a una misma? ¿Cuáles son las consecuencias de no tener apoyo? ¿Cuáles son las consecuencias de no poder asumir los propios compromisos? ¿Y de no respetar nuestro propio cuerpo? 


A menudo encuentro en las sesiones de arteterapia muchas mamás preocupadas y agobiadas porque no saben cómo conseguir que sus hijos se vistan y se preparen a su hora para llegar a tiempo al colegio, que se acuesten a su hora, que vean menos pantallas, etc. Y yo he sido también una de esas mamás angustiadas que, un día más, se han visto repitiendo patrones antiguos y chillando a sus personitas favoritas, y sintiéndose fatal con el temor de estar perdiendo el control. 


Perder los nervios o saltarnos las normas alguna vez, es totalmente comprensible, porque somos seres humanos. Pero si la excepción se convierte en norma y si nos vemos más a menudo de lo que nos gustaría perdiendo el control de la situación, quizá es momento para pausar y reflexionar. ¿Cómo están construidas las estructuras que me sostienen en mi día a día? ¿Son suficientemente sólidas? ¿me ayudan y me sostienen? ¿Me permiten libertad? ¿Me permiten ser creativa? 


En las sesiones de arteterapia, mediante el dibujo, la pintura, o el juego, se crea un espacio en el que las normas adquieren un papel especial. A través del arte es posible expresarse de forma auténtica, salirse de la raya y explorar comportamientos distintos a los del día a día, desarrollando la creatividad y la capacidad de reflexionar. ¿Cómo me llevo con las normas y pautas? ¿Me permito ser flexible? El arte ofrece una vía para expresar lo que sentimos, sabiendo que es humano explorar, ensayar y equivocarse, y que en la vida, como en el arte, no existen soluciones mágicas ni recetas. El camino es completamente personal. 


A veces las personas vienen a las sesiones con la expectativa de recibir pautas que puedan aplicar en el día a día. Y a veces está bien compartir consejos útiles, como por ejemplo, siempre digo que es buena idea ponernos al nivel de los peques, y tratar de entender su lenguaje, desde el juego. Sin embargo, en mi experiencia, rara vez las pautas sirven por igual para todas las familias, y encontrar lo que funciona a cada persona, es un proceso de autodescubrimiento que requiere de mucha escucha y creatividad. 


Como decía una de las participantes de un taller de arteterapia en familia:

 “Me encanta venir a las sesiones porque a veces no entiendo bien lo que me pasa, ni lo que me pasa a mi hija, pero en el proceso voy comprendiendo y descubriendo caminos y soluciones, y lo increíble es que estas soluciones no están en ningún libro ni me las ha dicho nadie, estas son completamente mías, he llegado a ellas por mí misma. Y esto es super potente”. 


Si también quieres explorar tus propios caminos y necesitas acompañamiento, escríbeme para agendar una cita y resolveremos todas tus dudas. 


Para saber más:


No dejes de echar un vistazo a mis publicaciones científicas sobre arteterapia, educación parental y parentalidad positiva. 


"Ser padres desde el corazón" Libro de Inbal Kashtan


Guía de educación positiva elaborada por Save The Children:



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